Urge regular a los IA Influencers o Avatares Digitales en la publicidad Dominicana

El mundo de la publicidad digital está experimentando una transformación fascinante y, al mismo tiempo, un tanto preocupante. El rápido avance de la Inteligencia Artificial ha dado lugar a los influencers de IA o avatares sintéticos: los influencers de IA o avatares sintéticos. Estas figuras, con rostros perfectos y cuerpos esculturales, están llegando a las redes sociales, promocionando desde productos de belleza hasta suplementos alimenticios.

Sin embargo, detrás de su perfecta fachada digital, se esconde una realidad que exige una atención urgente de las autoridades y de nosotros, los consumidores: la publicidad engañosa y la falta de regulación.

La trampa de la perfección: cuando el «influencer» ni siquiera existe

Pongamos un ejemplo. Imagina a «Sofía», una influencer virtual con una piel impecable, sonrisa radiante y un abdomen tan marcado como irreal. Ella aparece en tu feed recomendando un batido «milagroso» para bajar de peso. Todo en ella grita salud, éxito y bienestar… pero hay un pequeño detalle: Sofía no existe.

No es humana. No ha probado el batido. No ha pasado hambre ni sudado en el gimnasio. Su imagen, su recomendación y hasta su historia fueron creadas por un algoritmo. Es decir, su testimonio es tan real como una película de ciencia ficción.

Y aquí está el problema: al ver ese contenido, muchas personas, sobre todo jóvenes sienten que ese nivel de belleza o «transformación» está al alcance de un clic. Pero no lo está. Esa promesa es una ilusión.

Este tipo de publicidad no solo engaña, sino que mina la autoestima de quienes están luchando con su imagen o su salud. Y peor aún, rompe la confianza entre consumidores y marcas. ¿Cómo creer en un producto si quien lo promociona es un personaje digital que no tiene ni poros?

¿Y si la IA se equivoca? El caso de Air Canada como voz de alerta

Podrías pensar: “Bueno, pero si es un avatar, ¿de quién es la culpa si algo sale mal?”. Aquí entra un caso interesante que dejó huella en 2024: el chatbot de Air Canada le dio información falsa a un pasajero sobre sus tarifas. Resultado: el pasajero no pudo obtener un reembolso y demandó a la aerolínea. ¿El veredicto? El tribunal falló a favor del cliente. Porque sí, aunque fue una IA quien habló, la responsabilidad fue de la empresa.

Entonces, si una marca es responsable de lo que dice su chatbot, ¿por qué no habría de serlo también de lo que dice un avatar que promociona sus productos en Instagram o TikTok?

No importa si el influencer es humano o generado por computadora. Si el contenido es engañoso, alguien debe rendir cuentas.

Francia va adelante: una guía útil para lo que podríamos hacer aquí

Mientras aquí aún estamos pensando si esto es un problema real, otros países ya tomaron acción. En 2023, Francia aprobó la Ley 2023-451 para regular a los influencers humanos. Entre otras cosas, la ley obliga a declarar si una imagen ha sido retocada o generada por IA y prohíbe promocionar ciertos productos como cirugías estéticas o suplementos sin respaldo.

Aunque esa ley no contempla avatares digitales aún, marca el camino. ¿Por qué no adaptar esos principios y aplicarlos también a estos nuevos rostros digitales?

Transparencia, ética, veracidad. Son valores que deben regir cualquier forma de publicidad, venga de quien venga… o de lo que sea que venga.

Los influencers de mentira están facturando de verdad

¿Y por qué están de moda? Fácil: no se enferman, no se cansan, no se meten en escándalos, y siempre dicen exactamente lo que la marca quiere. Además, tienen «cuerpos» de catálogo, rostros simétricos y cero arrugas.

Gigantes como H&M ya están usando modelos digitales para sus campañas. Y no hablamos de un experimento: el mercado de influencers de IA estaba valorado en 3.6 mil millones de dólares en 2022, y se estima que superará los 37 mil millones para 2030, según KBV Research.

¿Ejemplos reales? Aitana López, una influencer virtual española, gana más de 10 mil euros por campaña. Lil Miquela, Shudu, Imma, Knox Frost… todos nombres que parecen sacados de una novela futurista, pero que hoy compiten (y ganan) en el mismo espacio que personas reales.

Y si aún dudas de su impacto, mira a Lu do Magalu (@magazineluiza), la influencer de IA más popular de Instagram: tiene más de 8 millones de seguidores. Sí, ocho millones. No respira, pero influye.

¿Y aquí? ¿Estamos preparados?

En República Dominicana, este fenómeno aún suena a ciencia ficción para muchos… pero ya está aquí. Y si no hacemos algo pronto, podría expandirse sin control.

Un llamado urgente a Pro Consumidor y las autoridades dominicanas

La República Dominicana no puede quedarse atrás. La proliferación de influencers de IA en la publicidad es inminente, si no es que ya está sucediendo de forma silenciosa. Es crucial que Pro Consumidor y las demás autoridades pertinentes actúen de manera proactiva para establecer un marco regulatorio claro.

Se requiere:

  • Transparencia Obligatoria: Las marcas deben ser obligadas a revelar de manera clara y fácil de entender que un influencer es una IA. Podría ser un distintivo visual constante o una mención audible.
  • Restricciones en la Promoción: Prohibir que los influencers de IA promocionen productos que puedan generar expectativas irrealistas o que afecten la salud de las personas (suplementos, productos de belleza con promesas «milagrosas», cirugías estéticas).
  • Responsabilidad Claramente Definida: Establecer que la marca que utiliza el avatar de IA es la única responsable del contenido y las afirmaciones que este emite.
  • Campañas de Concientización: Educar a la población sobre la existencia de estos avatares y cómo identificar lo que podría ser publicidad engañosa.
  • Mecanismos de Denuncia Eficaces: Crear canales sencillos para que los consumidores puedan denunciar la publicidad engañosa con IA sin pasar un viacrucis.

La verdad es que la tecnología no es el problema. El problema es lo que hacemos con ella.

Estamos a tiempo de establecer límites, proteger al consumidor y evitar que esta nueva forma de publicidad se convierta en un campo sin ley. Porque detrás de cada rostro perfecto creado por IA, puede haber una historia imperfecta de desinformación, manipulación y promesas vacías.

¿Vamos a esperar a que el daño sea irreversible? ¿O nos animamos, desde ya, a regular el futuro?

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